Ana Ruiz Terán

Ana Ruiz Terán

 

ANA RUIZ TERÁN

 

Hoy en la sección de antiguos alumnos cogemos el avión y nos vamos a Londres. Allí vive Ana Ruiz Terán, una antigua alumna del colegio con un extenso e interesantísimo curriculum. Ana es Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y ,esperamos, una fuente de inspiración para todos aquellos que hoy en día estáis estudiando pues es un ejemplo de que podemos alcanzar nuestros sueños si realmente nos lo proponemos.

Ana María Ruiz Terán es Profesora Titular de Puentes y responsable de la investigación en este área en el Imperial College London. Esta universidad británica se clasifica cada año entre las cinco o diez mejores universidades del mundo en los diferentes rankings mundiales. Ana fue alumna del Colegio Santa María Micaela desde 1976 hasta 1986. Tras su formación en el Colegio, estudió en el Instituto Leonardo Torres Quevedo, y posteriormente cursó la titulación de Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos en la Universidad de Cantabria. Finalizó sus estudios universitarios como número uno de su promoción, con una nota media de Matrícula de Honor. Su expediente académico le sirvió para recibir el Primer Premio de Terminación de Estudios Universitarios en Ingeniería de Caminos de manos de la entonces Ministra de Educación. Durante cinco años trabajó en el diseño y construcción de puentes en las empresas Apia XXI, y Arenas & Asociados, ingeniería de diseño. Posteriormente realizó el doctorado, desarrollando su tesis doctoral sobre puentes atirantados no convencionales. Por la calidad de la tesis doctoral y de las publicaciones científicas que generó a partir de la misma, recibió el Premio Extraordinario de doctorado. Simultaneó su doctorado con la labor de profesora de proyectos de puentes y estructuras en la Universidad de Castilla-La Mancha. Tras esta etapa, realizó una estancia de casi dos años en el Imperial College London, trabajando como investigadora postdoctoral en inestabilidad de estructuras de acero. En 2008 fue nombrada Profesora Titular de Estructuras en la University of East London, donde trabajó durante tres años. Desde 2011 es Profesora Titular de Puentes del Imperial College London, tras ganar el correspondiente concurso internacional de acceso. Ana tiene más de cuarenta publicaciones científicas. Su labor investigadora fue premiada en el año 2009 con el FIB Diploma for Research. Se trata de un premio internacional, otorgado por la Asociación Internacional del Hormigón Estructural, con el que se galardona el mejor trabajo investigador en el ámbito de las estructuras de hormigón desarrollado por un investigador menor de 40 años. Ana ha presentado los resultados de sus investigaciones en múltiples congresos internacionales, y en otras universidades que han mostrado interés por sus contribuciones, como las universidades de Cambridge, de Surrey, y la Politécnica de Madrid.

En el ámbito personal, está casada y es madre de dos hijos de cuatro y un año de edad. Vive en Londres y visita regularmente Santander.

Ana, como antigua alumna del Colegio Santa María Micaela ¿Qué es lo que más recuerdas de tu paso por el Colegio?

Tengo muchos recuerdos y muy buenos del Colegio, tanto de las clases y actividades docentes, como de los recreos. Mi primer recuerdo del colegio corresponde al día en el que llegué al cole por primera vez con gafas. Tenía cuatro años y cursaba Jardín de Infancia. La profesora me gastó una broma preguntándome dónde estaba Ana, y me causó un pequeño desasosiego al tenerle que explicar que Ana seguía siendo yo, que simplemente me habían puesto gafas para ver mejor. A pesar del susto, recuerdo aquella profesora canaria con cariño y recuerdo que nos trataba con mucha dulzura. El segundo recuerdo que tengo es de cuando tenía cinco años y estaba en la clase de Párvulos, y la Hermana Bernarda me enseñaba a leer. Recuerdo aquellos momentos con mucho cariño. Después tengo muchos recuerdos de las clases, de las profesoras, y de las compañeras. Por aquellos años, no había chicos en el colegio, de ahí que solo me acuerde de las compañeras. Podría citar los nombres de todas y cada una de las profesoras que me dieron clase y los cursos en los que lo hicieron. En el colegio fui una alumna de media de notable, con algunos bienes y algunos sobresalientes. No era la mejor de la clase, ni mucho menos, y recuerdo que más de una vez me tocó estar castigada en el pasillo por hablar más de la cuenta en clase. Fui mejorando con el paso del tiempo, a medida que iba encontrándome con materias que me interesaban más. Los mejores recuerdos aprendiendo los tengo ligados a las clases de matemáticas de María Jesús Fontecha. Recuerdo perfectamente cómo explicaba las ecuaciones…era genial. Y me acuerdo haciendo todos los problemas del libro de texto, muchos más de los que ella pedía en clase, porque verdaderamente disfrutaba haciéndolos. Recuerdo las clases de arte de Manoli. Haciendo uso del proyector de cuerpos opacos, nos explicaba las distintas corrientes artísticas viendo obras. Eran unas clases magníficas. También recuerdo sus clases de historia. Mira que a mí no me gustan las batallas, pero las explicaba de maravilla sobre el plano desplegado sobre la pizarra. También recuerdo las clases de inglés y de lengua española con Carmen Ríos. Y las clases de dibujo de la Hermana Nieves. También me acuerdo de las clases de religión de la Hermana Concepción. Yo llevaba muy mal aprenderme de memoria el ‘Recuerda’ de cada lección, del que nos examinaba cada semana. Así que un día decidí no estudiarlo y hacer una chuleta. Fue la chuleta más grande de la historia. Y claro, como no podía haber sido de otro modo, me pilló antes de que me diera tiempo a escribir nada. Así todo, me dejo continuar el examen y escribir lo que supiera. Ese día, tras el disgusto, decidí no volver a copiar nunca más, y lo he cumplido. Aprendí una magnifica lección.

Me encantaba jugar a batear en el patio, al voleibol, y también en los columpios. Recuerdo aquellas canastas de baloncesto, tan sumamente altas, y la felicidad que sentía cada vez que lograba encestar. Me encantaba también saltar el potro, y el plinto, y las volteretas. Pero, sin embargo, no guardo demasiados gratos recuerdos de las clases de gimnasia en el colegio, y no es porque no me gustara el deporte.

Recuerdo la tienda de la entrada, con la Hermana Josefina. Recuerdo la música que sonaba al salir del colegio por la tarde, cuando era yo pequeña. Y recuerdo a muchas compañeras, de las que guardo muy gratos recuerdos. A muchas de ellas no las he vuelto a ver. En 2016 se cumplirán treinta años desde que completé mi formación en el colegio.

Mis recuerdos del colegio son muy buenos. Si viviera cerca del Colegio, llevaría sin dudarlo a mis hijos alli. Los valores y la esencia estoy segura siguen siendo los mismos. Y veo por mis sobrinos que muchas cosas han ido incluso a mejor. Ahora hay muchas más actividades extraescolares, más deportes, más oferta de idiomas, las clases son mucho más reducidas (cuando yo estudie éramos más de cincuenta por clase), hay grupos de apoyo, e incluso organizan grandes viajes de estudios, y, según me cuentas, el último a Reino Unido. Todo eso es muy positivo.

¿Un recuerdo curioso? No olvidaré los polos de limón que en alguna ocasión nos regalaron el día de Santa María Micaela o al final de curso. ¡Me supieron a gloria! Lo que son los recuerdos infantiles…

Eres Ingeniero de Caminos Canales y Puertos por la Universidad de Cantabria. ¿Por qué optaste por estos estudios? ¿Cuándo descubriste qué querías dedicarte a la Ingeniería?

Soy Ingeniero de Caminos Canales y Puertos, y me especialicé en Estructuras. Esta es una titulación universitaria que en su momento tenía un programa docente de 6 años. Esta titulación te capacita para ejercer como ingeniero civil, en cualquiera de sus disciplinas. Opté por esta titulación porque quería diseñar puentes. Los puentes me apasionan, y me apasionaban también entonces. Me interesaba saber cómo era posible que un estructura sin apoyos intermedios fuera capaz de salvar luces (distancias) tan grandes. Y a la vez me entusiasmaba el diseño de los mismos, su concepción formal, y sus valores estéticos. Además me encantaban las matemáticas, la física, la mecánica, el dibujo técnico, y el arte. Todas éstas son material esenciales en la formación de un ingeniero estructural. Tengo dos recuerdos curiosos de la niñez preocupándome por cómo las estructuras eran capaces de sostenerse y resistir la carga que actuaba sobre ellas. Un primer recuerdo era viendo un puente romano en uno de los viajes de vacaciones que anualmente hacía con mis padres. Y recuerdo que mi interpretación se ajustaba bastante a la realidad, seguramente guiada por las explicaciones que mi padre me daba. Mi segundo recuerdo es asistiendo a misa en la iglesia de los franciscanos, y tratando de interpretar cómo la estructura de cubierta salvaba la luz entre apoyos. Tengo que reconocer que en ese caso no daba con la respuesta. Me imaginaba que la estructura era de ladrillo, y no de hormigón estructural. Y ahora sé que mi intento de interpretación de cómo se tenía aquello en pie andaba totalmente desacertada.

Además soy Doctora Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos. Esta es una titulación investigadora que conlleva unos cursos iniciales de formación y especialización, siendo la parte fundamental la realización de una tesis doctoral. Una tesis doctoral es un trabajo de investigación en el que se deben producir contribuciones originales al estado del conocimiento en esa disciplina en la que se trabaja. Suele ser un trabajo largo e intenso, que se suele prolongar en el tiempo y suele durar en torno a los cuatro años, aunque la duración del mismo depende de muchos factores. Decidí hacer una tesis doctoral porque, tras cinco años de ejercicio profesional, tenía la necesidad de continuar aprendiendo con intensidad.

Y por último también realice una titulación universitaria de postgrado sobre Educación Universitaria, en Reino Unido, que me ha sido de utilidad para completar mi formación docente.

¿Qué aptitudes crees que hay que tener para afrontar unos estudios universitarios?

Entiendo que no se puede generalizar. Aptitudes y capacidades que son esenciales para unas disciplinas, puede que no lo sean tanto para otras. Puedo contestar citando algunas de las aptitudes y capacidades que yo valoro más en mi campo. La capacidad de reflexión, la capacidad de raciocinio, de formularse preguntas aunque uno no tenga la respuesta, la capacidad y la determinación de buscar respuesta a todas las preguntas que uno se formula, la concepción abstracta, la inteligencia, la imaginación, la sensibilidad estática y estética, la capacidad de comunicación y de trabajo en equipo, son capacidades de gran utilidad en mi campo. La voluntad, la constancia, la perseverancia, la humildad (que nos ayuda a ser más conscientes de todo lo que desconocemos) también son de gran ayuda. Además, el dominio del inglés nos permite acceder directamente a multitud de referencias bibliográficas sobre la materia que estudiamos, a las que, de otro modo, no tendríamos acceso. También nos permite conocer mejor otros países y otras culturas, nos permite poder formarnos, y poder trabajar más allá de nuestras fronteras.

Tras tu etapa universitaria, trabajaste durante unos años en el sector privado ¿en qué consistió tu tarea? ¿qué destacarías de esta etapa?

Trabajé en el diseño y construcción de varios puentes. Trabajé tanto en el proyecto, como en el control de la ejecución, y la asistencia técnica a la ejecución. Algunos de los más importantes fueron el viaducto de la ría de Betanzos con una longitud de un kilómetro y vanos principales de 150 metros; el Puente de Hispanoamérica en Valladolid, que es un puente atirantado de 120 metros de luz; el Puente Príncipe de Asturias en Salamanca, y el Puente móvil del Puerto de Barcelona.

Posteriormente te has dedicado a la docencia, primero en la Universidad de Castilla-La Mancha y posteriormente en la Universidad de East London y en el Imperial College de Londres, donde trabajas en la actualidad como profesora de Puentes. ¿qué te hizo orientar tus pasos a la docencia?

Siempre me ha gustado la docencia, y sobre todo lograr explicar cosas que en principio parecen muy complicadas de una forma sencilla. Creo que ése es el nivel más elevado del conocimiento, cuando uno logra explicar conceptos complejos de manera sencilla. Me entusiasma la investigación, pero de nada sirven los avances que se realizan en investigación si no se comparten. Descubrí que me gustaba la docencia en la carrera, cuando explicaba a mis amigos cómo resolver ciertos problemas que habían sido explicados por algún profesor de forma bastante compleja. Encontrar la esencia, la secuencia lógica, saberlo comunicar, y motivar al alumno, es absolutamente esencial para ser un buen docente en ingeniería. También es esencial estar al corriente del estado actual del conocimiento y de la técnica.

He de decir que la docencia es una parte pequeña, en cuanto a tiempo se refiere, de mi trabajo, como ocurre con la mayor parte de los profesores universitarios. La parte que me ocupa mucho más tiempo es la investigación y la dirección de trabajos de investigación. La tendencia es la de asignarte la docencia en las materias en las que uno tiene un mayor grado de especialización, para lograr la mejor formación de los alumnos. En mi actual universidad soy responsable de la docencia de dos asignaturas de Master (Diseño de Puentes, y Hormigón Pretensado), de la dirección de proyectos de puentes, de tesinas de puentes, y me encargo también de una parte de una asignatura de grado (Mecánica Estructural).

¿Qué valores te transmitió el Colegio? ¿Crees que te han servido en la vida?

En mi caso, los valores que recibí en el Colegio estaban en sintonía con los que recibía en mi entorno familiar. Quizá los valores que más intentaron inculcarme en mis años en el colegio (corresponde a otros decidir si lo lograron o no) fueron el respeto, la generosidad, la honestidad, la sinceridad, la laboriosidad, la perseverancia, la responsabilidad, la puntualidad, y, otros muchos valores éticos, morales, y religiosos.

¿Qué consejo darías a los alumnos y alumnas del Colegio?¿Cuál es la receta del éxito académico y profesional?

Yo les aconsejaría que intenten descubrir su potencial, aquello que verdaderamente se les da bien, y aquello que verdaderamente les gusta, y que lo cultiven. Es mucho más fácil que a uno le guste y que uno disfrute haciendo aquello que se le da bien. Y además lograrán la energía positiva para abordar otras materias o actividades que no se les dan a priori tan bien. Les aconsejaría que, a la vez, no descuiden, o se aparten, de aquello que inicialmente no les guste tanto, o que no se les dé tan bien, sobre todo en la etapa escolar. Que se pongan como reto el mejorar en aquellas materias que les resultan más complejas, pero que seguro les serán de utilidad durante su vida. Les recomendaría que no se midan ni se comparen con los demás, sino que se tomen su propia progresión como referencia, y que se pongan metas altas y a la vez alcanzables. Y que tengan confianza en sí mismos y autoestima. No todo el mundo tiene la misma capacidad y el mismo ritmo de aprendizaje, pero lo que está claro es que todos tenemos la capacidad de aprender. Desde un punto de vista académico les recomendaría que no aprendan de memoria nada que se pueda justificar mediante un razonamiento. Les ocupará mucho menos espacio, les costará menos aprenderlo, y será más difícil que lo olviden. Les aconsejaría que pregunten siempre el por qué y el para qué. Y que cuando haya cosas que no entiendan, que pregunten siempre. Que no empleen el argumento de autoridad (esto es, “porque lo dice el profesor”) cuando no saben la justificación, sino que se empeñen en encontrarla. Y que aprendan a interrelacionar conocimientos y disciplinas, o lo que es lo mismo, que no aprendan asignaturas como si fueran recintos estancos.

Me resulta complicado contestar brevemente a tu segunda pregunta sobre la receta del éxito académico y profesional, porque deberíamos acordar previamente qué entendemos por éxito académico y profesional. Creo que el éxito se puede entender de muchas maneras. Pero, si he de ser breve, terminaría diciendo que creo que uno de los secretos para conseguir el éxito personal está en formarse y dedicarse a una actividad profesional que a uno le guste, le apasione, y que a uno le permita vivir.

Permíteme que termine mi retahíla de consejos con una frase de Walt Disney: “Nuestros sueños pueden convertirse en realidad si los deseamos tanto como para ir tras ellos”.

 

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