Nuestro nuevo lema «Abriendo Puertas» nos enmarca en la necesidad de dejar de lado lo negativo e introducirnos en un nuevo vínculo emocional positivo, donde seguimos siendo acompañados en el encuentro con el otro.
Lo que nos transforma es el encuentro con lo ajeno, con lo cercano y con lo que yo elijo, y de esta forma generamos relaciones afectivas que marcarán nuestra vida y nos ayudarán a sobrepasar difíciles momentos.
Esta relación con lo ajeno tenemos que promoverla, ya que «entrar” para encontrarnos con el otro, «entrar» en un espacio cuidado, desarrollará en nosotros una nueva visión de esperanza para comenzar a comunicarnos, preguntarnos y escucharnos.
Nuestra fundadora, Santa Mª Micaela, formó un gran vínculo emocional con las más marginadas, ayudándolas a través de su encuentro y su acompañamiento a mejorar su vida y abriendo para ellas nuevas puertas hacia la sociedad. En su vida, su encuentro con «la chica del chal» marcó un antes y un después, y le ayudó a comprender cada una de las situaciones que se pueden vivir en la vida con un acompañamiento positivo.
Llamemos a las puertas como dijo en aquel tiempo Jesús a sus discípulos:»Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre»(San Mateo 7, 7-
12). Reflexionemos sobre ello porque en el encuentro con el otro se nos abrirán puertas y esa nueva relación nos llenará de gozo y alegría.
Ya en las primeras palabras de inauguración de su pontificado, el Papa Francisco aludió a la palabra «abrir» como elemento de encuentro con Cristo:” iNo tengan miedo! Abran, abran de par en par las puertas a Cristo».
Fomentemos el encuentro con el otro y tengamos muy presente que:»Cuando una puerta se cierra, otra se abre»

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