El aprendizaje de lenguas extranjeras en la infancia: ¿Por qué es importante comenzar a aprender idiomas desde pequeños? ¿Qué ventajas tiene el cerebro de un niño frente al de un adulto a la hora de aprender? ¿Es realmente necesario comenzar a edades tan tempranas?

Los primeros años de vida de un niño son muy importantes, ya que en este período vital se generan muchísimas conexiones neuronales que, posteriormente, se traducirán en aprendizaje y desarrollo de habilidades sociales, emocionales, motoras, cognitivas y lingüísticas. En muchas ocasiones, no obstante, se tiende a infravalorar el potencial de los niños en estas etapas, limitando así en cierta medida las oportunidades de aprendizaje, por ejemplo, de lenguas extranjeras.

En algunos casos, incluso, se tiende a pensar que aprender dos o más idiomas a la vez puede afectar a la correcta adquisición de la lengua materna o incluso derivar en problemas del lenguaje. Sin embargo, cada vez son más los estudios que demuestran que el aprendizaje de dos lenguas en paralelo no solo no perjudican en absoluto el correcto desarrollo del lenguaje, sino que, además, esta situación presenta numerosos beneficios para los niños que están expuestos a varios idiomas.

Se calcula que, a partir del sexto mes de gestación, los bebés responden a sonidos que llegan desde el exterior, pues el oído está ya en pleno funcionamiento desde la época intrauterina. Según numerosos estudios, se cree que los bebés oyen los sonidos de la madre, la música y la entonación y el ritmo del lenguaje producido por esta.

Esta suposición coincide con los resultados de algunos estudios que se han realizado con bebés y que indican que, desde los primeros días, estos son capaces de distinguir la entonación de su lengua materna de otras lenguas. A partir de los seis meses, si el bebé está expuesto a una sola lengua, comienza a perder las habilidades de discriminación de lenguas no familiares y empiezan a percibir exclusivamente el sistema vocálico de su lengua materna.

Aprender un segundo idioma desde niño es mucho más fácil, pues el aprendizaje sucede en un contexto natural no formal con metodologías implícitas y una gran cantidad de input relevante para el niño. Los niños aprenden fundamentalmente por imitación y observación. Cuando escuchan a sus mayores hablar, copian, no sólo las palabras o expresiones, sino también la entonación, la pronunciación e incluso, el lenguaje corporal, las expresiones faciales o el estado de ánimo.

Cada lengua tiene sus sonidos y entonación propios, así como sus propios gestos o código de lenguaje no verbal. A la vez que aprenden las palabras y las expresiones, los niños registran cómo se pronuncia y entonan las oraciones, dependiendo del idioma que estén empleando. Este aspecto es, fundamentalmente, lo que distingue a un hablante nativo o completamente bilingüe de un hablante que ha aprendido la segunda lengua a una edad adulta.

El ser humano está programado para comunicarse, es decir, para aprender lenguas con las que poder entender y hacerse entender dentro de su comunidad. La comunicación es la habilidad que nos permite sobrevivir y vivir en sociedad.

En comunidades en las que coexisten tres o hasta cuatro lenguas, los individuos las adquieren desde el nacimiento y las hablan indistintamente, sin ningún tipo de dificultad.  Esto es lo que realmente se entiende por bilingüismo, es decir, la habilidad para comunicarse a la perfección en varias lenguas con el mismo nivel de competencia en todas ellas. Este hecho demuestra que la adquisición de dos lenguas o más al mismo tiempo es más que factible.

En contextos en los que la posibilidad de exposición a dos idiomas no sucede o no es posible, lo ideal es que en los contextos educativos se opte por emplear un enfoque natural, donde los niños aprendan a partir de juegos, pequeñas excursiones, música, dramatización manualidades y, sobre todo, muchas dinámicas de movimiento que mantengan a los niños activos e interesados en las actividades.

Lo mejor es plantear las sesiones como si fuera una interacción natural entre el profesor y los niños para que el entorno propicie la adquisición del idioma de forma eficiente, es decir, que aprendan a comunicarse de verdad en la segunda lengua.

 

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